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Promueve el "esquema social" del ICE la igualdad, o la desigualdad?

Durante muchos años se nos ha dicho que el esquema del ICE, orientado hacia el bien social, es una fuente de igualdad social y beneficios para todos los costarricenses. Esto se ha puesto en varias ocasiones como razón para no abrir el mercado ni para privatizar la institución.

Pero la realidad, si nos fijamos bien, es otra totalmente. El esquema "social" del ICE está fallado, y lejos de promover la igualdad y el beneficio social, promueve la desigualdad y contribuye a abrir la brecha entre ricos y pobres.

Un buen ejemplo lo podemos encontrar en el sistema de telefonía celular, el cual supuestamente está orientado para que todos los costarricenses puedan tener su teléfono celular y que los beneficios de este sistema sean "compartidos" por todos.

La realidad? Otra completamente. El esquema de ICE es el siguiente: un precio de líneas relativamente bajo, para permitir acceso a la telefonía celular a las masas de menores ingresos. Al mismo tiempo, se promueve un precio por minuto de llamada muy bajo, también buscando brindar acceso a los sectores de menos recursos. En el papel suena muy bonito y suena a que puede funcionar.

Pero qué sucede cuando lo echamos a andar? Surge un efecto muy opuesto al deseado. Los primeros en buscar el servicio son, por supuesto, los sectores de mayores recursos. Estos sectores se encuentran con precios muy bajos de las líneas celulares, y precios aún más bajos en el costo de la llamada. El resultado es que su poder adquisitivo se vuelve mayor, y en vez de adquirir un servicio adquieren varios. Una lógica relativamente simple: como el precio es bajo, no compro celular solo para mí, sino que le compro a toda mi familia.

Esto genera una demanda que rápidamente llega a consumir todas las líneas disponibles, dejando a los sectores de menos recursos exactamente como estaban antes: sin posibilidad de adquirir una línea. No es cuento: cuántos celulares posee la familia costarricense de clase media-alta? Posiblemente la respuesta sea más de uno... y si pasamos a analizar la situación de la clase alta, el resultado probablemente se acerque a que todos los miembros tienen un teléfono celular, lo necesiten o no.

No termina ahí el asunto. Si consideramos que el precio de la llamada bajo el esquema del ICE es ridículamente bajo, el celular de repente se nos convierte en una extensión móvil del teléfono residencial, en vez de ser una herramienta de comunicación móvil para casos de necesidad justificada. En términos simples las tarifas bajas de la llamada convierten el teléfono celular en un medio para efectuar llamadas triviales sin mayor propósito y de duración considerable. El celular se vuelve la forma de mantenerse entretenido mientras se espera en la fila del banco, mientras se viaja en bus, mientras se espera en una presa sobre la autopista. Efecto neto? Un abuso del sistema telefónico celular, que rápidamente satura la capacidad disponible y deja por fuera a muchos usuarios que reciben la señal "sistema ocupado" constantemente. Quienes son los que se dejan la mayor parte de los minutos de llamada? Obviamente los que pueden costearlos: las clases de mayor poder adquisitivo.

Este es, en términos simples, otro fallo que hace que el sistema monopólico estatal de "bien social" más bien contribuya a promover la desigualdad social y a abrir la brecha entre ricos y pobre cada día más.

Qué se puede hacer al respecto? Bueno, en este caso hay dos posibilidades para solucionar el problema. La primera es aplicar el sistema comunista: limitar la disponibilidad del servicio para evitar que se lo lleven los sectores de mayor poder adquisitivo. Simplemente se ponen restricciones al número del líneas que puede adquirir una persona, una familia, una empresa, etc. Adicionalmente se le puede asignar a cada usuario un límite permitido de minutos, a partir de los cuales o no se le da acceso al sistema o se le cobra una tarifa elevada por violar los límites. Obviamente esta alternativa bordea los límites de la estupidez y rápidamente se traería abajo cualquier sistema de telecomunicaciones celulares.

La otra alternativa es suplir la demanda a un costo mayor: simplemente adquirir suficientes líneas y suficiente capacidad del servicio para que todos puedan usarlo como quieran. Obviamente el tener una mayor capacidad de servicio implica más equipo, lo cual contribuye a elevar no solo el costo de la línea celular, sino también el costo por minuto de la llamada. Este es el esquema empleado por la mayor parte de los operadores privados. Simplemente le dan campo al usuario para que se mueva libremente dentro de su sistema, pero elevando las tarifas del sistema según sea necesario.

Curiosamente, lejos de ser esto perjudicial resulta beneficioso para el sistema: al ser mayor el costo de la llamada, se crea la fuerza opuesta necesaria para balancear la demanda. Al elevar las tarifas, los usuarios piensan dos veces antes de efectuar una llamada, y sucede lo que ha ocurrido en otros países: el teléfono celular se convierte en una herramienta de uso discrecional en casos de necesidad justificada (el cual es su propósito real, por lo menos hasta que se desarrolle la tecnología para permitir el uso del servicio para fines triviales). Esto contribuye a eliminar la saturación del sistema y a hacer manejable la demanda de nuevas líneas, y es ahí donde surge la posibilidad de líneas celulares en 15 minutos y de que una compañía mantenga su servicio al filo de la tecnología constantemente.

Muchos critican el esquema privado por sus tarifas mayores a las del sistema estatal, e incluso llegan a decir que la disponibilidad de líneas en el esquema privado es debido a que la gente simplemente no puede comprarlas. Lo que no entienden es que estas elevadas tarifas (que al fin y al cabo no resultan tan elevadas si se analizan a nivel mundial) son un factor esencial para mantener el equilibrio dentro del sistema, y evitan que se dé una demanda explosiva e inmanejable como la que está experimentando el ICE actualmente. Las tarifas se elevan lo suficiente para balancear el sistema, y el usuario adecúa su utilización a esas tarifas. En otros países del mundo las tarifas son elevadas, llegando incluso a superar $1 por minuto, pero el sistema celular prospera y se desarrolla... por qué? Porque el usuario aprende a moderar su uso del servicio según sea necesario. El abuso del servicio es prácticamente inexistente, y lo utilizan los que verdaderamente lo necesitan.

Para terminar, muchos se preguntarán acerca del punto inicial de esta discusión: la igualdad social. Si hay tarifas más elevadas, no contribuye eso a abrir la brecha entre ricos y pobres, al limitar el acceso de los pobres a las líneas celulares? La respuesta es que inicialmente sí. Las tarifas altas evitan el acceso de los sectores de escazos recursos a la telefonía celular. Pero volvemos al punto del abuso del sistema: quiénes son los que verdaderamente ocupan el servicio celular? Son los empresarios, médicos, y demás profesionales, o son los vendedores de lotería y los cuidadores de carros? Un servicio existe para los que verdaderamente lo requieren, no para que todos los que lo quieran puedan tenerlo. Qué tan justo resulta dejar a un médico sin posibilidad de comunicación celular porque el vendedor de lotería de la esquina quiere tener un teléfono para estar llamando a sus amigos para hablar del partido? No muy justo. El punto tan sonado de la "igualdad social" y el "acceso de sectores de escazos recursos" resulta ser, por lo menos en cuanto a telefonía celular se refiere, una fantasía consumista más de la gente: no es que los sectores de menos recursos ocupen teléfonos celulares, es que la gente les han metido en la cabeza que los ocupan, creando una falsa necesidad y dando origen a las teorías de "igualdad social" que tanto se andan promulgando entre los icefílicos.

Y si efectivamente existen sectores de escazos recursos que tengan necesidad y no puedan pagar el servicio, no hay por qué dejarlos fuera. En esos casos puede intervenir el Estado, y mediante subsidios a ciertos servicios de telefonía celular básica permitirles el acceso. No se le baja el precio a todo el mundo: nada más a los sectores de escazos recursos. Igual que existen el bono de la vivienda y el bono escolar, eventualmente se podría pensar en un "bono telefónico". Por lo menos resulta mejor que estar regalando el servicio a la clase alta mediante precios ridículos, como se hace actualmente.


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Actualizado: 1 de julio del 2001
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